Como tener un jardin bonito y asequible

Entre todos los recuerdos que tengo de mi niñez, atesoro con mucho cariño los de los veranos que pasábamos en casa de la abuela Lucia. La abuela vivía en la sierra, en un pueblecito muy pequeño de unos dos mil habitantes en el que todos se conocían, un pueblecito precioso que vivía de la agricultura y la ganadería, con pastos verdes todo el año y con vacas y gallinas aquí y allí, era fácil tener que parar en la carretera porque tres o cuatro vacas se habían adueñado del camino.

La casa de la abuela estaba en la falda de una pequeña montaña, allí tenían una pequeña granja en la que había una mezcla muy interesante de animales, desde conejos y gallinas hasta patos, ovejas y vacas que convivían en un espacioso cercado que mis abuelos habían hecho a lo largo de los años. A mí me encantaba ir, pasaba allí todos los veranos y las vacaciones de Semana Santa, recuerdo que me pasaba las horas en el prado jugando con las gallinas y cuando me llamaban a cenar, lo hacíamos en un cenador muy bien dispuesto en la parte delantera de la casa, recuerdo como el césped me rozada las plantas de los pies cuando me sentaba en la silla.

Con la vida tan ajetreada que llevamos, y con la economía conforme está es complicado que yo pueda tener una casa como aquella, así que he recreado un pequeño jardín en la terraza del piso donde vivo con mi familia, no es muy grande y por supuesto no hay gallinas ni conejos, ni mucho menos vacas, lo que sí que tengo es césped, y cada vez que me siento me descalzo y encojo las piernas para que las briznas me rocen las plantas de los pies, que recuerdos.

No pensé que iba a ser tan fácil, pero lo fue, puse en el buscador las palabras cesped solucion y encontré un gran surtido de césped artificial, que increíblemente a la vista y al tacto parece natural, así que lo instalé y puse unos maceteros enormes con unos limoneros que me surten de limones todo el verano, y cada vez que salgo a la terraza rememoro los momentos tan felices que pasé con la abuela Lucia, con las gallinas y los conejos, con los patos y las vacas, los recuerdos de una niñez muy feliz.